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dc.contributor.authorUniversidad de Belgranoes_ES
dc.date.accessioned2012-10-06T00:22:10Zes_ES
dc.date.accessioned2012-11-11T04:02:00Z
dc.date.available2012-10-06T00:22:10Zes_ES
dc.date.available2012-11-11T04:02:00Z
dc.date.issued2012-10-05es_ES
dc.identifier.urihttp://repositorio.ub.edu.ar/handle/123456789/1066es_ES
dc.description.abstractEl paso de los años ¿Sabe el lector de esta nota cómo nació la Universidad de Belgrano? Fue el 11 de septiembre de 1964 en una casa antigua en Crámer y Sucre del barrio de Belgrano, a unas 30 cuadras de las sedes actuales, donde se reunieron unas 120 personas –entre ellas 90 alumnos y 28 profesores– que asumieron el compromiso de organizar una nueva universidad privada en la Argentina. No tenían una referencia nacional ni internacional. Debían construirla a partir de sus propias convicciones, fijarse ideales y testimoniar con sus ejemplos. De un pequeño grupo de profesores jóvenes debía surgir el trabajo más arduo, a ellos se sumaban unos pocos académicos de trayectoria intelectual reconocida. En los siguientes 47 años –hasta llegar a hoy– sus sueños permitieron que más de 110.000 alumnos conocieran sus aulas y, de ellos, cerca de 50.000 obtuvieran diplomas y graduaciones de diversas modalidades de enseñanza. A la educación, la acompañaron la investigación y las actividades hacia y con la sociedad. La calidad de su trayectoria le ha valido en estos tiempos el reconocimiento en rankings internacionales, como el de la organización QS, con sede en Londres, que por sus investigaciones a nivel mundial ubica a la Universidad de Belgrano entre las mejores 600 universidades del mundo. Reconocimiento que se repite por cuarto año consecutivo. Para preservar y elevar las bondades que puede brindar nuestra Universidad, hemos aprendido que el legado parte de un trabajo diario, constante y sin renuncias. La Universidad en todo el mundo es una obra de creyentes. La nuestra también. Cuando con toda rapidez se habla de lo que debemos ser en los próximos 20 años, hay que pensar en una meta soñada, sea para las personas o para las sociedades. Para alcanzarla, hay que compartir sentimientos y acciones. Nuestra Universidad es una forja excepcional para diseñar el futuro. Hoy, ahora, ya mismo hay que aumentar la búsqueda, los escalones intermedios. Un joven de 18 –o de unos pocos años más– debe sentirse artífice de los destinos comunes, más allá de lo que aspire para su propia vida. Adquirir conocimientos, acompañar a otros, interesarse por el entorno y practicar la honestidad en los actos son caminos insoslayables para ayudar a cambiar un mundo en total transformación. Queremos decir gracias a quienes llegan de otras sociedades porque nos permiten medir nuestras convicciones. Hablando con ellos, podemos saber dónde estamos. Necesitamos humildad, deseo de ser mejores y comenzar mañana mismo a trabajar para concretar ese deseo. Asimismo, debemos reconocer a aquellos que acompañan a esta Universidad y la honran como graduados o profesores, y a las familias que creyeron y seguirán creyendo por los años de los años.es_ES
dc.description.sponsorshipUniversidad de Belgranoes_ES
dc.language.isoeses_ES
dc.publisher.EditorUniversidad de Belgrano
dc.relation.ispartofseriesEn UB News : realidad universitaria;Septiembre - Octubre 2011es_ES
dc.subjectUniversidad de Belgranoes_ES
dc.subjectEducaciónes_ES
dc.subjectCulturaes_ES
dc.subjectEducación superiores_ES
dc.subjectEducation
dc.subjectUniversities
dc.subjectHigher education
dc.titleAños de intercambio culturales_ES
dc.typeArticlees_ES


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