| dc.description.abstract | En las disputas territoriales, la ubicación geográfica no se trata de un dato accesorio, más
bien es el factor primordial que dicta la distribución del poder y la proyección de capacidades
estatales. Históricamente, el acceso a recursos y el control de accesos claves hacen posible que
determinados territorios tengan un valor político que trasciende sus límites geográficos,
transformándolos en escenarios donde los Estados buscan materializar su soberanía. El Ártico, en
este sentido, se presenta como el caso de estudio de esta dinámica; por muchos años, la región
polar fue percibida indudablemente como una periferia, un “espacio vacío”, sin embargo, este
paradigma ha colapsado. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(2022), el Ártico atraviesa un proceso de transformación climática sin precedentes donde el retroceso
del hielo marítimo deja de ser únicamente un fenómeno ambiental para convertirse en un detonante
geopolítico. Esta transformación de cierta manera ha “desbloqueado” el territorio, habilitando nuevas
rutas de navegación y revelando el potencial de recursos estratégicos que yacen en la región. Así, el
Norte ha pasado de la marginalidad a convertirse en un tablero central donde la lucha por el poder ya
no se desarrolla en un vacío, sino en un espacio de competencia estructural. | es_ES |